martes, 18 de marzo de 2014

Noticias de la Biblioteca



Robert Bresson. Lancelot du lac

Cielo despejado, y el reloj de sol, que da la hora con modestia (así decía Reyes), nos está invitando a la plaza.

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En la mesa, noticias:



Mañana, al amanecer, estará Luzardo en Mata Oscura, con su gente. Para que lo supiera la Doña, se lo mandó a decir con Juan Primito.



Está en el célebre capítulo galleguiano de los “rebullones”.

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Robert Bresson soñó anoche que su película se iba haciendo poco a poco ante la mirada, como una tela de pintor, eternamente fresca.

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Mac Orlan, en París, ha hecho rematar su biblioteca. En el prefacio del catálogo, escribe hermosamente: ´Hace años que estos libros viven en casa. He alcanzado una edad en la que el porvenir se confunde con el presente. No sin melancolía cedo a un nuevo destino estos ejemplares, que reflejan en sus primeras páginas los rostros de mis amigos´”.



Fuente: Jorge Luis Borges, El Hogar, 1937.

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Un poeta acaba de llegar a Goa y, como Darío ante el Mediterráneo, siente, frente al Océano Índico, su antigüedad. El poeta se llama Octavio Paz. Es 1964.

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Ayer Baena le pidió a Alvaro de Luna jueces que supieran jugar bien el ajedrez. Poco antes le había dicho que la plaza debía ser segura y para todos.



Está en el Cancionero, en el de Baena, por supuesto.

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Alguien está anunciando el Renacimiento.

viernes, 7 de marzo de 2014

Al amigo alemán




Aunque procuremos no herir al amigo alemán de Camus que todos tenemos, hay cosas que no pueden omitirse. Claro, hay modos de decirlas. Una vez más, ensayemos otra.

Es una historia conocida. Todos recordamos que ante la debacle que se le avecinaba a la revolución, Robespierre decidió incrementar el uso de la guillotina, pero la carnicería apresuró los hechos, y no sólo rodó su cabeza, sino también la de quien, por su enorme talento, debió haber advertido la tragedia. Lastimosamente, el intelectual enceguecido aplaude al ciego y termina siendo más jacobino que el jacobino, quien, sin decirlo de manera explícita, lo que está pidiendo por piedad, es que lo moderen.
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Las tragedias suponen una fatalidad, pero ésta se hace visible sólo en el desastre. Ojalá no estemos tocando a su puerta.

jueves, 6 de marzo de 2014

El estadio del espejo, según Marx






Esta mañana estaban los hermanos Marx en la tele. Vi sólo una escena, pero ¡qué escena! Era la famosa del espejo.

Groucho está frente a sí mismo y se mira como si fuera otro.

Se retira, y trata de sorprenderlo, pero nada. "El otro” sigue haciendo, con pasmosa exactitud, las mismas payaserías, iguales morisquetas.

En eso pasan varios minutos, hasta que, de pronto, nos damos cuenta de que el sombrero que tiene Groucho es blanco y que el del “otro” es negro.

Al final, Groucho (“el de caliente sangre”, diría Borges) se mete en el espejo, y para su sorpresa y la nuestra, aparece un tercer Groucho, que termina de complicarlo todo.

Un tercer Groucho buscaremos” habría dicho con antelación el mismo Borges, siempre fascinado ante los juegos abismales de la irrealidad.

(La película es, como se sabe, Sopa de ganso, una maravilla que en nuestro idioma llamaron Héroes de ocasión, burla soberbia sobre el poder de los empecinados. La escena del espejo es, sin duda, un detalle magistral)