jueves, 6 de marzo de 2014

El estadio del espejo, según Marx






Esta mañana estaban los hermanos Marx en la tele. Vi sólo una escena, pero ¡qué escena! Era la famosa del espejo.

Groucho está frente a sí mismo y se mira como si fuera otro.

Se retira, y trata de sorprenderlo, pero nada. "El otro” sigue haciendo, con pasmosa exactitud, las mismas payaserías, iguales morisquetas.

En eso pasan varios minutos, hasta que, de pronto, nos damos cuenta de que el sombrero que tiene Groucho es blanco y que el del “otro” es negro.

Al final, Groucho (“el de caliente sangre”, diría Borges) se mete en el espejo, y para su sorpresa y la nuestra, aparece un tercer Groucho, que termina de complicarlo todo.

Un tercer Groucho buscaremos” habría dicho con antelación el mismo Borges, siempre fascinado ante los juegos abismales de la irrealidad.

(La película es, como se sabe, Sopa de ganso, una maravilla que en nuestro idioma llamaron Héroes de ocasión, burla soberbia sobre el poder de los empecinados. La escena del espejo es, sin duda, un detalle magistral)

martes, 25 de febrero de 2014

Calle




Calle Józefa. Cracovia. Fotograma del film La lista de Schindler


Me asomé a la calle oscura y vi soldados retirando barricadas.

Con los vecinos hablé del ruido que hoy nos despertó a todos.

Volví a casa, y en la mesa, un poema de Zagajewski:



CALLE JÓZEFA EN INVIERNO

(Para Joachim Russek)



En invierno la calle Józefa es oscura,

algunos peregrinos se abren paso por la mojada nieve

y no saben a dónde van, hacia qué estrella,

y tal vez se detienen

como un jardinero que se apoya

en el mango de una pala, se queda pensativo

y no se da cuenta de que de repente

ha estallado la guerra

o que ha florecido una hortensia.

ADAM ZAGAJEWSKI


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En estos días, uno no sabe mucho.


domingo, 23 de febrero de 2014

De nada demasiado




Sé que en tiempos borrascosos no es fácil el análisis sereno. Pero como decía Lezama, sólo lo difícil es estimulante. Afrontar con sentido crítico y autocrítico el examen de lo que nos pasa, debe conducirnos a la lucidez que tanto se necesita. Quizá podamos evitar con ella la frustración que dejan la excesiva audacia o –todo hay que decirlo- la “cordura” exagerada. Esto último luce paradójico. No lo es. Y en el supuesto de que lo fuese, me amparo en la previsión de las comillas.

Repito, no es fácil evaluar y autoevaluarse, y menos aún para quien se encuentra en la línea de fuego y no en la comodidad de un escritorio, como yo ahora. Que sea difícil no quiere decir que sea imposible.
Preocupaba observar que ciertas voces de la oposición venezolana, de uno y otro signo táctico, parecían ocuparse más en el cruce de mutuas culpas que en la lectura atenta de los hechos.

La concentración unitaria de ayer dio señales claras de que se puede evitar la descomposición del movimiento que, con valentía y firmeza, protagoniza una parte muy importante del país. A esa valentía, sin duda, debe agregársele  prudencia y, además, un imprescindible ejercicio de autoconocimiento, que permita ver, no sólo avances, sino también, limitaciones y carencias. 
Quienes estuvimos al lado del gobierno, y que después de abrir los ojos, fuimos separándonos, también formamos parte de esa Venezuela que en las calles está expresando clamorosamente su indignación y su cansancio.

De nada demasiado, aconsejó un oráculo griego. Los excesos, incluido el de pasividad, suelen enceguecernos.